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Diseño & CreatividadOpiniónReportajes

Transgresión, cultura y diseño

Me sorprende y me saca una de esas risillas de enteradillo que a cualquiera nos sale cuando comprendemos el funcionamiento de una extraña paradoja (en mi caso son varias), la siguiente historia: la asociación entre creatividad, transgresión y juventud que parecen ser condiciones para las profesiones de la cultura, entre ellas el Diseño (como disciplina en sí, e integrada en el aparato y los procesos de la Publicidad).

Juventud, transgresión… No creo que ser «joven» (esa pinza demográfica que va de los 20 a los 40 años de edad) nos haga ya transgresivos de por sí: más bien, inconscientes (tampoco es mala baza ésa). La transgresión, como voluntad y plan para romper y subvertir ideas, está solamente al alcance de aquellas personas maduras y experimentadas en tal o cual disciplina, sea cual sea su edad. Hay que conocer y haber vivido lo conocido para trazar un plan efectivo y que tenga éxito rompiendo moldes.

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Y personalmente pienso que en ésa acumulación de experiencia han estado muy activamente las empresas y corporaciones de la industria cultural desde hace décadas, industria hacia la que el Diseño tiende por afinidad en sus principios de competitividad y búsqueda de la novedad: no pocos artistas (plásticos o urbanos) y personas creativamente inquietas han trabajado toda o parte de su vida en gráfica publicitaria… Plegando su tiempo, experiencia y background creativo a estrategias de mercado, calendarios exhaustivos de trabajo y labores altamente técnicas, destinadas a la producción y publicidad de bienes de consumo.

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Por eso me hace mucha gracia a veces encontrarme con personas molestas con la manera en que la publicidad toma una canción y la usa para sus propósitos de ventas (rompiendo el contexto e intención originales del tema musical, sea de las Viejas o Nuevas Escuelas del Rock ‘n’ Roll o el Hip Hop). O cuando la publicidad toma iconos o lemas propios de movimientos sociales pasados o presentes, con la intención de vender promociones y demás. En parte hasta ahora, la memoria cultural que cada generación deja a las siguientes ha sido sostenida y amplificada por las propias empresas culturales que han financiado no solamente al creador, sino a todo el aparato de documentación y publicidad que tiene apoyándole en la trastienda (es más: la supervivencia, re-revival y hasta institucionalización de algunas modas juveniles tal vez no serían posibles sin ello…).

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Moraleja: las técnicas del agitprop y la transgresión callejera y conceptual, fueron y siguen siendo aprovechadas y explotadas por las industrias culturales y de consumo; otra cosa es que alguien no se dé cuenta, y siga creyendo en la inviolabilidad de ciertas ideas, actitudes o estéticas, consideradas combativas ante la vida y el sistema (eso son, más bien, compromisos personales de cada cual).

Si os interesa el tema y no tenéis prejuicios, os recomiendo no dejar pasar las reflexiones que hay más abajo, en nuestro clásico pie de enlaces para la inspiración y la investigación 😉

Enlaces

· La contracultura como marca. Reportaje de Xavi Sancho, El País
· Entrevista a Jaime Gonzalo en Carne Cruda (RNE 3)
· El problema de la libertad. Sobre Diseño y Activismo. Artículo de opinión de Aitor Méndez

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