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Diseño & CreatividadOpinión

Desaprender lo aprendido

… para aprender algo nuevo˝ es (aparte del eslogan de un famoso anuncio publicitario) una buena frase del amigo Alvin Toffler, que sin ningún problema tomo prestada yo también, para hablar de cómo las academias de Diseño y de Bellas Artes (y, a veces también, las costumbres propias y los procesos de trabajo depurados) nos llevan a compartimentos estancos y zonas de confort… De las que, de vez en cuando, no viene mal salir.

Desaprender...---CANVAS

Con los días de Facultad y Academias en general ya un poco lejanos, te vas dando cuenta de que la separación real entre disciplinas creativas (dibujo a mano alzada, música, GUI Design y cine, por ejemplo) se debe más a temas puramente académicos y técnicos que a cualquier otra cosa: a la hora de realizar un proyecto para un cliente, todo lo que sepas vale (y todo es TODO), porque si algo hay seguro es que tienes un briefing y un tiempo limitado para resolverlo. Cómo es algo que tú ya sabes. O no.

Porque cuando te inicias profesionalmente, empiezas aplicando las normas y procesos con los que fuiste entrenado… Para acabar dándote cuenta poco a poco de que el mejor sistema es el que tú mismo te generas, integrando tus experiencias con lo que un día te enseñaron, en un proceso muy intuitivo y que nunca dejarás de renovar: más allá de las escuelas, seguirán habiendo maestros (mejores y peores) y no pocos briefings que te pondrán a prueba.

"¡Viva el Mal, viva el Saber Universal!"

¡Ignorancia, divino tesoro!
Muchas veces, sobre todo cuando profesionalmente aún eres joven en una disciplina tan amplia como el diseño (y la creatividad visual en general), la ignorancia es una de tus mejores bazas: por atrevida e inconsciente, puede llevarte a soluciones, como poco, interesantes (que puedan ser siempre buenas ideas para llevar a cabo… Es otra historia) y darte una noción de ingenuidad bastante útil para el futuro.

Una ingenuidad entendida, sobre todo, como una mirada creativa sin prejuicios; como una postura objetivamente crítica (hacia lo que nos gusta o nos disgusta, lo que hacemos nosotros o cualquier otra persona) con la que conservar el ansia del aprendiz (es normal que, conforme vas tomando responsabilidades y tareas más complejas, por épocas pierdas el entusiasmo por lo que haces). Una mirada con la que no dejar nunca de sorprendernos ante nuestras experiencias y resultados. Porque, en definitiva, una persona creativa no es más que alguien que integra un millón de conocimientos dispersos en un estilo propio de hacer las cosas.

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